Historia. Eso es lo que han hecho los New England Patriots en esta Super Bowl LI en la que se ha batido un sinfín de récords y donde la franquicia de Massachusetts se coronó por quinta vez como campeona de la NFL (2002, 2004, 2005, 2015, 2017). Vencieron por 34-28 a Atlanta Falcons tras una remontada apoteósica de 25 puntos y después de jugar el primer tiempo extra en una Super Bowl de la historia, donde Tom Brady se encargó de comandar el ataque para que consiguiera su quinto anillo a través de James White, máximo para un quarterback, y el séptimo para Bill Belichik, máximo en su caso para un coach.

Contra Houston se escribió el nombre de Dion Lewis, ante Pittsburgh Steelers fue Chris Hogan quien se llevó los honores, y en la final, James White asumió el papel de protagonista (29 yardas de carrera y 110 de pase, con tres touchdowns en 14 recepciones, récord de capturas en una Super Bowl). Diferentes jugadores sin nombre pero que los Patriots sabe explotar de forma sobresaliente, y, como indicamos en la previa de la ofensiva, en este equipo cualquiera puede ser el determinante de un partido, en este caso de una Super Bowl, que esto ya habla por sí solo de la actuación del running back en esta edición número 51.

Los de New England tuvieron que remontar después de realizar tres cuartos nefastos donde Atlanta dominó en todos los aspectos del juego. Corrían a placer con Devonta Freeman realizando big plays insultantes, y con Matt Ryan saliendo de las situaciones difíciles con lanzamientos para Julio Jones y Gabriel, los máximos referentes de la ofensiva de Georgia. Además, para colmo la defensa inexperta de los Falcons se encontró exhausta secando a Blount y forzando a Brady a lanzar múltiples balones sin destinos, siendo alcanzado por una magnífica línea defensiva hasta en cinco ocasiones, con Grady Jarrett como principal culpable que consiguió tres sacks.

Esto se tradujo, tras un primer cuarto lento y cauteloso por parte de ambos equipos, en un 21-0 rápido gracias a las anotaciones de Freeman, Austin Hooper que recibió 19 yardas para llegar a la endzone, y al pick six del cornerback Robert Alford, algo que sin duda fue lo que más hundió a los Patriots antes de llegar al descanso, y la acción por la que la mayoría del público daba por cerrado el encuentro.

Gostkowski se encargó de que su equipo no se fuera con las manos vacías al vestuario (21-3), pero la línea secundaria se mantuvo firme y la ofensiva que dirige Josh McDaniels no encontraba lugar y forma de penetrar el campo rival. Sin embargo, la defensa de los Falcons no iba a aguantar todo el partido y se iba a ver superada en la recta final permitiendo cinco drives seguidos que aumentarían el marcador rival hasta el ocaso del tiempo extra, aún con el touchdown de Tevin Coleman con una jugada de pase que ponía un demoledor 28-3 a principios del tercer cuarto.

Llegados a este punto, la secundaria empezó a flojear y la línea ofensiva perdió mucho fuelle. Los perfectos bloqueos que ponían ante la línea rival fueron desapareciendo, y permitiendo que Ryan ya no se encuentre seguro en el pocket, como ocurrió con Hightower quien alcanzó al quarterback de los Falcons, lo derribó y forzó la pérdida de balón cogido por Alan Branch que iba a encender la llama del incendio que se avecinaba en Atlanta. En este momento los Patriots estaban en un marcador de 28-12, tras la primera anotación de James White y un field goal más de Gostkowski, pese a haber fallado el punto extra en el anterior touchdown.

Y una de las mejores pruebas de que una defensa no sabe responder ante el ataque rival es la cifra de primeros downs. Los de New England sumaron en total 37 primeras oportunidades: Brady empezó a rodar los ataques entre White, Edelman, Amendola, Mitchell, Bennett y Hogan, casi nada.

Con el tiempo en contra, a 8 minutos del final y con el balón en la mano de la ofensiva de Patriots gracias a Hightower, las cadenas se movían a placer hasta que Amendola irrumpió en la endzone. Tocaba convertir de dos puntos y así lo hicieron, con jugada de engaño en la que el snap fue directo a White quien corrió las dos yardas.

Ya estaba todo en contra de Atlanta, quien pudo sentenciar el partido entrando en field goal range gracias al incansable Julio Jones que parecía finiquitar la final con una asombrosa recepción al borde de la línea de banda para situarse cerca de la redzone, pero un sack de Flowers y un holding alejaron a los de Georgia de la posibilidad de realizar un tiro de campo.

Para dar aún más emoción, Edelman realizó la recepción de la final y del año si cabe, cogiendo el balón entre tres defensas evitando la intercepción y que tocase el suelo por milímetros. El drive nuevamente iba a rematarlo James White, y al contrario que en la anterior anotación, Amendola fue el encargado de convertir los dos puntos para forzar la prórroga. Alucinante. Remontada de 25 puntos (mayor remontada en una final) y Atlanta se iba despidiendo de lo que habría sido su primer Vince Lombardi.

El partido se iba a la prórroga y sería la primera vez que se ha dado esta situación en la historia de las Super Bowls. Pero ya no había cabida para más emociones fuertes, pues Brady se ocupó de finalizar el tiempo extra a las primeras de cambio: los Patriots recibían y un drive de 75 yardas entre su variedad de receptores (White, Amendola, Hogan y Edelman) iba a culminarse con una carrera de 2 yardas de White que logró irrumpir en la endzone y en la historia del fútbol americano.

Con todo en contra, sin Brady en los cuatro primeros partidos de la regular season, sin Gronkowski al cien por cien prácticamente en toda la temporada y desde la Week 13 en la Injured Reserve, y sin tiempo tras verse doblegado en los tres primeros cuartos de esta novena final para los New England Patriots, finalmente Goodell tuvo que otorgar un nuevo Vince Lombardi a Robert Kraft, Belichik y Tom Brady (MVP de una Super Bowl por cuarta vez), los responsables y pilares de esta dinastía.