El Barcelona sumó su vigésima segunda Supercopa de España venciendo por 33-22 al Liberbank Cuenca, sostenido hasta el minuto 45 por el entusiasmo que le transmite una afición cada vez más enganchada con su equipo. Pero el peso específico del Barça, que no necesitó emplear todos sus recursos, y su mayor rodaje tras disputar la Super Globe la pasada semana dejó a las claras las diferencias entre un conjunto aún inalcanzable en España y otro que intenta consolidarse entre los mejores de la Liga Asobal.

Los primeros minutos parecieron deshacer cualquier posibilidad de un partido peleado, porque los errores del Ciudad Encantada los aprovechó implacablemente el equipo culé al contragolpe. Pero el conjunto local se fue entonando en ataque, buscando insistentemente a sus pivotes, y la amenaza siempre latente del brazo del goleador Dutra. Además, Leo Maciel paró mucho por abajo. Al Barça le bastó con su oficio, aprovechando las superioridades numéricas, para gozar de una ventaja de entre cuatro y cinco goles, con la que llegó al descanso (11-16). 

En la continuación, mientras conservaron cierta frescura, los locales siguieron presentando batalla. Insistieron en filtrar balones a Moscariello como mejor argumento ofensivo, pero gota a gota el Barça aumentó su dominio. Su primera línea con Mem, Palmarsson y Cindric presentaban problemas casi irresolubles para la defensa local. Hubo un conato de reacción del Cuenca, con dos contras seguidas (18-23). La tercera la cortaron los árbitros, y le costó la exclusión, por protestar, a Natan Suárez, que había dado otro aire a su equipo. A partir de ahí el Ciudad Encantada se fue desinflando y el Barça tuvo vía libre para demostrar su superioridad y adornar con una goleada un trofeo más en su palmarés. FUENTE