En la final del Masters 1000 de Roma femenino se enfrentaban Simona Halep, que venía de arrasar en Madrid, y la ucraniana Elina Svitolina, número 11 del ranking mundial, que pasó a la final tras aprovechar la lesión de Muguruza. Y los pronósticos quedaron arrinconados con el 4-6, 7-5 y 6-1 que coronó a Svitolina en su primer título de renombre y el cuarto de 2017 (ganó en Estambul, Taipei y Dubai). 




La oriunda de Odesa aterrizaba por primera vez en esta fase por el título en un Premier 5 y competiría con toda su alma ante una Halep muy condicionada por su lesión en el tobillo derecho. El infortunio acontecería cuando la de Constanza pautaba el compás del primer set. La dolencia le terminaría sacando del partido, llegando, incluso, a desafiar su participación en la manga final.

A pesar del dolor, Halep aguantó y alcanzó a cerrar el primer parcial por 6-4. Con la asistencia de un fisioterapeuta, reclamado en dos oportunidades, la rumana maquilló en esa coyuntura inicial el mal apoyo que, a la postre, sería protagónico. Cuando se enfrió la lesión, en el descanso entre sets, la favorita tragó sangre y evidenció su pulsión competitiva hasta el punto de luchar contra su mente y arrancar un 5-5 en el segundo periodo. Pero cuando cedió su saque y la manga finalizó con 7-5 su compostura se vino abajo. La ucraniana, empequeñecida hasta entonces ante la épica de su rival, sacó personalidad y se granjeó el triunfo con claridad.

Un esclarecedor 6-1 daría carpetazo a una final en la que Halep trató de ganar lo más rápido posible, en el segundo set, para que el dolor no la venciera. Pero no llegó a la orilla y el punto de inflexión narrado le condujo a ceder el partido en los 30 minutos que duró el set definitivo. El 5-0 que Svitolina cosechó ante una contrincante que, prácticamente, no podía desplazarse, fue el preludio del éxtasis de la ganadora novel.