La selección española de balonmano no falló y se aseguró un puesto en los preolímpicos, tras imponerse por 36-31 a Egipto, en un encuentro en el que el conjunto español, atenazado por la presión, no pudo decantar a su favor hasta bien entrada la segunda mitad.

Si para España no había margen de error, para Egipto concluir con una victoria o una derrota no iba a variar su buen papel en un Mundial, en el que pocos esperaban que los norteafricanos llegaran tan lejos. Este triunfo y séptimo puesto final del Mundial supone plaza para los preolímpicos.

Con jugadas de estrategia por encima del físico y con el desparpajo de quien ha conseguido ya mucho más de lo que se le exigía, Egipto puso en aprietos a una selección cansada por el esfuerzo y alicaída por la poca recompensa obtenida. Errores propios y rechazos afortunados para los de David Davis al final de la primera mitad, les dieron cierta ventaja en el marcador antes del descanso (17-18), destacando el pivote Mohamed Shebib, que cerró el primer tiempo con cuatro dianas, y el portero Karim Hendawy que nada más saltar a la pista atajó cuatro balones consecutivos que pusieron al borde del abismo (14-16) al equipo español.

El equipo solo necesitaba calma, confianza, creerse que la diferencia de calidad está en la teoría y en la práctica. En apenas dos minutos de la reanudación, la creencia se convirtió en goles: una portería firme con Gonzalo Pérez de Vargas (33%), unos brazos altos para arrebatar balones, piernas ágiles a pesar del cansancio para correr al contragolpe y las resoluciones de Ferrán Solé (7/8) y Joan Cañellas (9/10) para poner el marcador, por fin, con 4 tantos de distancia para respirar.

Y aunque Egipto no dejó de pelear ni cedió al desencanto de verse atropellada por su rival, España, por fin, había encontrado una dinámica optimista para allanar el camino hacia el preolímpico sin esperar a la última opción del Europeo del año que viene.