Después de 52 años de historia y de ser el único equipo sin corona aún de los cinco que iniciaron la primera expansión de la NHL en aquél 1967, por fin en este 2019 los St. Louis Blues inauguran sus vitrinas. Tras remontar en su conferencia Oeste desde el último puesto que ocupaban en enero hasta la quinta posición, para clasificarse a unos Playoffs que resultaron ser impactantes donde fuimos viendo cómo los grandes y principales favoritos iban cayendo en las primeras rondas, los de Missouri se colarían en su cuarta final de la historia. Las tres anteriores fueron en la época de su debut en la liga, y la última vez que habían luchado por la Stanley Cup también tuvo mismos rival, los Boston Bruins, que ganaron por un contundente 4-0 la serie de 1970.

Sin embargo, casi 50 años después, ambas franquicias nos han deleitado con una eliminatoria completamente diferente, y que pasará a la historia de la NHL sin lugar a dudas. Tras el séptimo partido, y disputado en el TD Garden de Massachusetts, los Blues vencieron por un claro 4-1 para que sus jugadores se colocaran su primer anillo, impidiendo el que habría sido el séptimo título de los Bruins.

El MVP de estos Playoffs por la Stanley Cup se lo adjudicó Ryan O'Reilly, pues ha terminado como el máximo anotador de la postemporada 2019, aportando goles en los últimos cuatro partidos de estas Stanley Cup Finals. Obra digna de un Conn Smythe Trophy.

Sin embargo, el principal rival para la designación de este trofeo sería el máximo culpable de que estas Finales hayan acabado en favor de los de Craig Berube, Jordan Binnington. El portero canadiense de 25 años, que se ha convertido en el portero rookie con más triunfos en unos Playoffs, se mantuvo prácticamente imbatido todo el séptimo encuentro, efectuando 32 salvadas y permitiendo solo un tanto cuando el partido estaba más que sentenciado.

Y es que a pesar del marcador final, el partido se mostraba como algo totalmente contrario. Los de Bruce Cassidy dominaron el primer periodo con múltiples disparos a la portería de Binnington, pero sin éxito. Además, los Blues estuvieron durante 16 minutos sin oler los palos de Tuuka Rask (16/20), prácticamente todo el primer tiempo sin disparar a portería, pero efectuaron dos estocadas en los últimos minutos que finalmente serían los que definirían el encuentro. Esos minutos sin lanzamientos se terminaron cuando un disparo lejano de Ryan O'Reilly conseguía colarse por las piernas de Marchand y del portero finlandés. Más injusto fue el segundo tanto, que llegó a 8 segundos del final del periodo, por medio de un contraataque liderado por Jaden Schwartz quien acabó asistiendo a Alex Pietrangelo.

Dos goles tras solamente 4 lanzamientos durante 20 minutos de juego reflejan todo lo que fue este duelo. Ya el segundo periodo, con unos Blues mucho más cómodos y relajados, se disfrutó de ciertos minutos de igualdad en cuanto a oportunidades se refiere. Pero los de Boston continuaban masacrando la portería de Binnington el doble de veces que su rival, aunque seguían sin encontrar el gol.

Ser favoritos y jugar en casa resultó ser demasiada presión para los Bruins y el 2-0 se convirtió en una auténtica losa, yendo a la desesperada en el tercer periodo. Casi encontraron su objetivo en el minuto 9, con una ocasión clarísima en la que Binnington se reivindicó salvando in extremis dos disparos consecutivos de Noel Acciari y después de Joakim Nordstrom. Esto quedaba claro que todo el protagonismo de la noche iba a ser para el portero canadiense y no para los locales que veían como se alejaba la celebración de una Stanley Cup ante su afición poco a poco.

Para colmo, dos minutos después de esa oportunidad que habría podido reavivar la final, llegó el tercer gol de los Blues, con otro contraataque, esta vez de Vladimir Tarasenko que facilitó el tanto de Brayden Schenn. La sentencia definitiva sería el cuarto gol a cuatro minutos y medio de la bocina, obra de Zach Sanford después de que se lo pusiera en bandeja David Perron con su asistencia.

Los Bruins se vieron obligados a sacar a un sexto jugador atacante y dejando su portería vacía, pero de lo único que sirvió fue para que Binnington no terminase la noche de forma redonda sin permitir ningún gol. Ya en el minuto 17:50, Matt Grzelcyk se llevó un golazo a casa al enviar el puck a la escuadra que cubría el guardameta de los Blues, imposible de alcanzar.