Después de Tiger Woods se confirma que hay vida, mucha vida en el golf del siglo XXI tras el triunfo, de comienzo a fin, del norirlandés de 22 años Rory McIlroy en el Abierto estadounidense, con el mejor marcador (-16) en sus 111 años de historia.



Con McIlroy, octavo del mundo antes de esta victoria, no ha nacido una estrella en el interminable Congressional (Washington), el segundo campo más largo en la vida de este segundo ''Grande'' del año. Simplemente, el joven norirlandés ha abierto precozmente su vía del ''Grand Slam''. Por las trazas de este despampanante éxito, Rory se convertirá, en breve, en uno de los golfistas de obligada referencia.